lunes, 2 de agosto de 2010

El Socialismo Antisocialista


Comienzo esta nota haciendo una grave confesión: Soy Católico y Socialista. Soy de los que se complican con los temas valóricos, sexuales y reproductivos. Poseo fundamentos de carácter Kantianos (y también bíblicos) que me permiten argumentar que el matrimonio tiene que ser entre un hombre y mujer. Por lo demás, creo que los hijos tienen que crecer en un matrimonio formado en un núcleo familiar que presente las mismas características. Que puedo hacer al respecto... soy conservador en estos temas.

A pesar de lo anterior, tengo la profunda convicción de que el socialismo es el instrumento que debemos usar para hacer una sociedad más justa, fraterna e igualitaria. Quizás por eso entiendo un poco a Osvaldo Andrade y su declaración respecto a las reticencias culturales que podría existir en nuestro país respecto a la iniciación de un debate sobre el matrimonio homosexual. Lo entiendo, pero sólo un poco.

Lo entiendo poco porque afirmar que “Chile no está preparado para el matrimonio homosexual” no es el resultado de un profundo discernimiento valórico-ideológico, sino que es la respuesta de un (futuro) presidente de partido. Un presidente que perfectamente puede ser de izquierda, derecha o centro.

Las palabras de Andrade no hacen más que expresar, de manera tácita, la forma de pensar que tienen nuestros dirigentes socialistas.  La única preocupación de la élite de nuestro colectivo es volver a ser gobierno, no importando las contradicciones ideológicas en que caigamos. Es el poder por el poder, no el poder para una sociedad más socialista. En este sentido, si las encuestas dijesen que a los chilenos les gusta la dictadura, estaríamos abogando por tener un país menos democrático.

Independiente de nuestras concepciones valóricas, los socialistas esperamos que el socialismo empuje a la sociedad hacia profundos cambios sociales, no hacia el conservadurismo. Andrade no hace otra cosa que develar la profunda crisis ideológica de nuestro partido. Rossi lo acompaña, argumentando todo lo contrario y condenando la democracia en Venezuela. En fin, habrá que esperar un próximo congreso ideológico o el resultado de una nueva encuesta para saber lo que piensan nuestros dirigentes.

Por lo pronto, no me queda más que defender la confesión que les hice al principio. A pesar de mis convicciones, creo que los socialistas estamos llamados a iniciar este tipo de debates. Somos y debemos ser la vanguardia de los procesos sociales. A estas alturas, no me queda más que invocar el lugar común más eficaz en estos casos. Al igual que Voltaire: “Estoy absolutamente en desacuerdo con tu opinión, pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla”. Eso es lo que hace un socialista.


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